THE WORLD IS WIDE

 Yo tengo la nostalgia de recorrer el mundo.

Circula por mis venas un anhelo profundo

pe hollar todas las rutas y de ascender a todas

las cumbres donde puedan mis ojos, avizores,

extasiarse en la gama de todos los colores

y todos los paisajes. Visitar las pagodas

del Japón, con la unción religiosa de un bonzo;

ascender al Calvario y entonar un responso

ante el mar en que Safo purificó su crimen;

del Sara lomo de camello el desierto

del Sahara; más tarde contemplar el Mar Muerto

y penetrar la angustia con que sus ondas gimen;

en la isla de Cuba cansar a las mulatas;

hacerme en el Caribe capitán de piratas;

en plena Andalucía, enamorarme de una

sevillana, besamos a la luz de la luna,

y después, en París, en el Barrio Latino

embriagarme a mis anchas de bohemia y de vino.

 

Yo tengo la nostalgia de recorrer el mundo.

Me llama el horizonte. Soy un aventurero

de abolengo y estirpe. Mi bisabuelo, oriundo

de tierras lusitanas, en un barco velero

atravesó los mares desde el Antiguo Mundo,

llegó hasta Zacatecas y se hizo minero.

y otro de mis mayores se alistó marinero

en la Armada Invencible de Felipe Segundo.

 

Mi alma es una aguja que imantan los abismos.

Yo no soy el culpable de que este pecho mío

con precisión tan clara capte los magnetismos

que le radia el enigma. Con terquedad ansío

lo imprevisto, lo extraño, lo extraordinario: todo

aquello que me pueda sorprender de algún modo.

 

 Hurgando las esfinges, he penetrado al fondo

del alma femenina, sin hallar nada nuevo

en su aparente hondura. Y desde entonces llevo

clavado en las entrañas este dolor tan hondo,

esta ansiedad de un goce que inagotable sea.

Después de las mujeres, ensayé una odisea

por los diversos climas del pensamiento humano

y leí muchos libros; pero también en vano.

 

En busca de una nueva sensación, viajaría

del Este al Occidente, del Norte al Mediodía,

sin una remembranza ni una melancolía.

Me sacio de la boca que dos veces me besa,

me asfixio en el ambiente familiar, y me pesa

la vida que no cambia. Mi ideal es la sorpresa.

Yo soy un enemigo de la monotonía.

 

En la niñez lejana, buscando el mecanismo

de mis juguetes, siempre, curioso, los rompía.

y ahora que corrieron los años, soy el mismo

irreflexivo párvulo; y he roto mis postreras

ilusiones a fuerza de audacias imprudentes,

morbosamente inquieto. De todas mis quimeras

me quedan ya tan sólo los cinco continentes.

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