SEMBRANDO

Dispones, alma, de muy poco tiempo

para escalar la abrupta serranía

y llegar a la cumbre que, en tu anhelo

de eternidad, ansías.

No derroches la vida

deshojando las flores del sendero.

 

El dolor infinito

del minuto perdido,

no acibare mi próxima

senectud. Encamina

tus pasos desde ahora

al ideal que acaricias.

 

Prepara bien la tierra

de mi humana flaqueza,

para que fructifique la simiente.

Procura que penetre

más profundamente que se pueda

la reja del dolor en mis entrañas.

y yo fecundaré la sementera

Con el constante riego de mis lágrimas.

 

Ya verás, a su tiempo, cual recoges

abundante cosecha

de brotes interiores.

Entonces henchirás la enorme troje

de tu neurosis mística

con áureos frutos de filosofía.

 

. . . . .

 

Dispones, alma, de muy poco tiempo;

y la senda tortuosa

que conduce a la Vida que ambicionas,

exige al caminante

Un desgaste continuo de energías.

Invierte desde ahora

tus últimos arrestos juveniles

en la conquista de la nívea cumbre

que allá, cabe las nubes,

dibuja su perfil.

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