POSESIÓN

Poco a poco te fuiste apoderando

-y yo no me di cuenta- de mi alma.

 

Todo mi ser andaba

perdido en el recuerdo, ya borroso,

de una vieja pasión epilogada.

 

Por mi puerta, confiadamente abierta,

llegaste cuando yo no te esperaba.

Huésped insospechado, hoy si me quitan

este dolor en ti, no tengo nada.

 

Te vas y no te irás. ¡Cuán relativos

el tiempo y la distancia!

Cantan en torno de mi alcoba, mudos,

los ecos de tu charla.

Y en las dos lunas del ropero humilde,

en contra de la lógica y la física,

te quedaste dos veces reflejada.

 

Eternízate así, tan casta y alta

que no pueda tocarte.

Nunca lograrte a ti, siempre anhelada.

 

Tú viva en mí, como -la muerta aquella

que pudo concebirme en sus entrañas.

Siempre real en mis sueños, imposible

para mi boca amarga.

 

¡Ay, amor tan cabal y sin objeto!

Y yo dueño de ti, mi libre esclava.

Libre en tu vida tú, presa en mi pecho.

Mis pupilas tan viejas y tan sabias

que en ti ya no distinguen lo tuyo todavía

de lo mío ya en el fondo de mi alma.

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