A LA INNOMINADA

Yo no quiero deformarte

con mis caricias el cuerpo

y el alma con mis ideas.

Déjame amarte de lejos;

yo, la ola; tú, la estrella.

 

Mi amor está por encima

de la muerte y la materia.

Amada, gajo de luna,

copo de luz, azucena.

 

Yo de ti no pido nada,

sino el dolor de tu ausencia.

 

. . . . .

 

No permitas que te empañe

los labios ningún aliento.

 

Amada, ¡muérete virgen¡

Te haré un collar con mis

y una diadema de plata

con plata de mis cabellos.

 

Amada, muérete virgen

para robarme tus huesos.

 

Muérete virgen, amada,

y herédame tu esqueleto.

 

Yo de ti no pido nada,

sino el dolor de tu ausencia.

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