EN VILLA ALVEAR

La noche es olorosa como un mate curado
y es vagancia en las calles y ventura en los pechos.
La tarde fue mi pena. La noche como ensalmo
aduna la confianza de los patios abiertos.

Mis pasos haraganes comprenden bien la calle.
Yo fui de este suburbio criollero del oeste;
Sé que en los corazones hay la ternura grave
de los tangos antiguos y las tapias celestes.

Igual que una linterna, bamboleándose y hueco,
un Lacroze rezonga la cualquier bocacalle.
Su luz rayó las piedras. Con dulzor de recuerdo
queda el barrio guarango, corazonero, suave.

Miren. Esa palmera, conventillo de pájaros,
me dio en la resolana vacaciones de sombra.
Por este portón quieto, negro, cicatrizado,
sabiendo que era linda pasó una vez mi novia.

Redondeles de lumbre se abren como agua mansa
debajo de los focos en las anchas esquinas.
Voy queriendo las verjas, las estrellas, las casas.
Un pianito. Que suerte me hiere en alma viva.

Noche de sola fiesta de soledad y anhelo.
Encontronazo dulce de tu tierra y mi cielo.

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