YURIA 1967 (I)

1.- CUBA 65

 

1

 No sé, a estas alturas, cómo decir las cosas que suceden.

Soy un poco apagado, un poco triste,

un poco incrédulo y vacío.

Dejé pasar tres meses a propósito

para mirar en mí, mirarte lejos,

sano y salvo de ti, Cuba caliente.

(He aquí el primer error. No quiero atarme

a las palabras ni al ritmo.

Líbreme Dios de mí

igual que me he librado de Dios.)

 

Suscribo lo que dice la prensa reaccionaria del mundo.

(Así iba a empezar.)

En Cuba hay privaciones, hay escasez, no hay poitos,

no hay vestidos suntuosos ni automóviles último modelo,

hay pocas medicinas y mucho trabajo para todos.

Suscribo esto.

 

Quiero aclarar que no me paga un sueldo el partido comunista,

ni recibo dólares de la embajada norteamericana

(¡Qué bien la están haciendo los gringos

en Vietnam y en Santo Domingo!)

No acostumbro meterme con la poesía política

ni trato de arreglar el mundo.

Más bien soy un burgués acomodado a todo,

a la vida, a la muerte y a la desesperanza.

No tengo hábitos sanos

ni he aprendido a reír ni a conversar con nadie.

 

Soy un poco de todo,

y pienso que si fuera en un buque pirata

sería lo mismo el capitán que el cocinero.

 2

 

«Hambre y sed de justicia»

¿es más que sólo el hambre y la sed?

 

¿De dónde un pueblo entero se aprieta la barriga

por que sí?

¿de qué raíz de rencor,

de cuánta injuria,

de cuánta revancha detenida,

de cuántos sueños postergados

surge la fuerza de hoy?

 

Porque es necesario decir esto:

para acabar con la Cuba socialista

hay que acabar con seis millones de cubanos,

hay que arrasar a Cuba con una guataca inmensa

o echarle encima todas las bombas atómicas y los diablos.

 

(Señor Presidente Johnson:

hundamos a Cuba

porque la isla de Cuba navega peligrosamente

alrededor de América.)

 

 

3

 

¿Quién es Fidel?, me dicen,

y yo no lo conozco.

 

Una noche en el malecón una muchacha que estaba conmigo

dio de gritos palmoteando: «ahí va Fidel,

ahí va Fidel», y yo vi pasar tres carros.

 

Otra vez, en un partido de pelota,

la gente le gritaba:

«no seas maleta, Fidel»

como quien le habla a un hermano.

«Vino Fidel y dijo…», dice el guajiro.

El obrero dice: Vino Fidel.

 

Yo he sacado en conclusión de todo esto

que Fidel es un duende cubano.

Tiene el don de la ubicuidad,

está en la escuela y en el campo,

en la junta de ministros y en el bohío serrano

entre las cañas y los plátanos.

En realidad, Fidel es el nombre

del viento que levanta a cada cubano.

 

 

 

 

4

 

Estoy harto de la palabra revolución

pero algo pasa en Cuba.

 

No es parto sin dolor, es parto entero,

convulso, alucinante.

Se han quebrado familias, se separan

los que no quieren ver ni ser testigos,

los lastimados y los impotentes.

¿Por qué mi tío Ramón, con sus ochenta,

quiere morir en Cuba

con hijos en Miami y otros hijos

de Colón a La Habana?

¿por qué cantan los niños

cuando van al trabajo, entre clases y clases?

(Un domingo, en Cienfuegos,

en un camión, temprano,

los vi salir al campo,

y era como si Cuba amaneciera

en sus risas y cantos.)

 

¿Por qué estudian América y Celeste

y otras recamareras, en el hotel, a diario?

¿por qué el libro se ha vuelto de pronto

bueno como el boniato?

 

Es verdad que han partido,

arando el mar, gusanos,

y hombres y mujeres han partido

y, ciertos o engañados,

violentos o perdidos o espantados,

han partido, se han ido -oscurecido-

a un porvenir que espera mutilado.

 

Cuba de pie, de frente,

de corazón, entera,

Cuba de pie ha quedado.

 

Cuba rodeada de enemigos,

Cuba sola en el mar,

Cuba ha quedado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

 

Crece difícilmente, pero crece

diáfanamente.

Es limpio este crecer,

hay algo limpio y doloroso en todo,

son los años del cambio, del ajuste,

del vivir de otro modo.

 

¿En dónde vi la alegría derramada

-Playa Girón sobre la sangre fresca?

Escuela de combate: pescadores,

niños nautas, pizarrón en fiesta.

 

Hay pueblos tristes como en todas partes,

pero el cubano tiene una madera

oscuramente alegre, una fuente de sol,

un surtidor de agua.

Escándalo y ternura al mismo tiempo,

vocifera, se llena, se derrama.

 

 

6

 

Haciéndose su casa, Cuba

tiene las manos limpias.

Será una casa para todos,

una casa hermosa y sencilla,

casa para el pan y el agua,

casa para el aire y la vida.

  

7

 

Un día, en Banagüises, una pequeña aldea,

sentí las gentes, sentí el campo, sentí la verdad de Cuba.

Son gentes viejas y tranquilas

(yo lloré con Ignacio, con Jabay, con Juanita)

las casas de madera y los portales amplios

(yo lloré con su paz y su melancolía).

 

Una calle asfaltada, orgullosa, atraviesa

el vecindario hasta la vía.

Cerca, los trenes jalan la caña

y cargan el mediodía.

Están allí como los árboles:

las mujeres, los niños, la panadería.

Tienen el suelo abajo y el sol encima.

 

Aquí las cosas pasan lentamente,

las ideas se comen, los alimentos se meditan,

los brazos salen de la tierra,

los yerbazales se agitan,

un perro de piedra corre en las calles

y corre un pozo de agua bendita.

Un joven muerto es un obelisco

y el aire es el sueño de una muchacha bonita.

 

Banagüises, que llevó mi padre

en el pecho como una reliquia,

es un pueblo joven y viejo

de esta nueva Cuba tan antigua.

 

 

8

 

Quiero decir que ya estaba Martí

en estas trincheras; que a su lado estaban

todos estos;

Camilo Cienfuegos tiene cien años

y cien años tiene

cada muchacho de la universidad.

(¡Es tan duro este pelear y este morirse y

este renacer y este pelear por la libertad!)

 

Ya estaban todos los que están ahora.

Ya estarán multiplicados mañana

porque la levadura de la justicia es buena

y sólo quieren vivir en paz.

 

El jovencito de la metralleta,

la muchacha del uniforme,

el niño que se cubre con el cuaderno,

el viejo que grita en el juego de pelota,

los estibadores y los panaderos,

hasta los poetas, Dios mío,

sólo quieren vivir en paz.

 

Los que murieron en las calles

también quieren vivir en paz.

  

9

 

Es necesario detenerse frente al mar.

 

El mar oscuro es del dolor de Miriam,

tiene su mismo oleaje y su claridad.

 

En las playas del pueblo sentí que era sencillo,

enormemente sencillo, amar.

 

La arena, el viento,

los árboles, los hombres,

todos se pueden juntar.

 

¡Cuba, vamos a pelear

para vivir en paz!

 

2.- Espero curarme de ti

 


ESPERO CURARME DE TI en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se te hizo de noche"…Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

 

 

 

3.- Qué costumbre tan salvaje


¡QUE COSTUMBRE TAN SALVAJE esta de enterrar a los muertos! ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la cajas, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlos a un río?

Había de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

 

 

 

 

4.-Cuando tengas ganas de morirte


Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos. 

Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida: 
carne, frijoles, pan. 

Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya. 

 

 

 

5.- Te quiero porque tienes…

 

 

Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.

 

 

 

 

 

 

6.- El mediodía en la calle

 

El mediodía en la calle, atropellando ángeles,
violento, desgarbado;
gentes envenenadas lentamente
por el trabajo, el aire, los motores;
árboles empeñados en recoger su sombra,
ríos domesticados, panteones y jardines
transmitiendo programas musicales.
¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?
¿qué palabras en vuelo me levantan?

«Lo mejor de la escuela es el recreo»,
dice Judit, y pienso:
¿cuándo la vida me dará un recreo?
¡Carajo! Estoy cansado. Necesito
morirme siquiera una semana.

 

 

 

7.- Esta mañana imaginé mi muerte

 

Esta mañana imaginé mi muerte
despeñado en el coche o de un balazo.
Me tuve lástima. Lloré por mi cadáver un buen rato.
Hablé luego de vacas, del gobierno,
de lo caro que está la vida,
y me sentí mejor, un poco bueno.

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2 respuestas a YURIA 1967 (I)

  1. Iziar dijo:

    bonito espacio ;)tardare un par de dias en leerlo todo jaja

  2. cesc dijo:

    ———————-\’\’~“—————————————(-o-o-)—————–======.oooO==(_)==Oooo.====|——————————————–||——————————————–||—-HOY CURIOSEE UN POCO—-||——————–AQUI—————-||——————Cesc——————–||——————————————–||—————-oooO———————||————–(—-)—–Oooo————|l========\\-(====(—-)======l—————–\\_)———)-/—————————————–(_/————–

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