POEMAS SUELTOS 1951-1961

 1.- Tu cuerpo está a mi lado

 

Tu cuerpo está a mi lado

fácil, dulce, callado.

Tu cabeza en mi pecho se arrepiente

con los ojos cerrados

y yo te miro y fumo

y acaricio tu pelo enamorado.

Esta mortal ternura con que callo

te está abrazando a ti mientras yo tengo

inmóviles mis brazos.

Miro mi cuerpo, el muslo

en que descansa tu cansancio,

tu blando seno oculto y apretado

y el bajo y suave respirar de tu vientre

sin mis labios.

Te digo a media voz

cosas que invento a cada rato

y me pongo de veras triste y solo

y te beso como si fueras tu retrato.

Tú, sin hablar, me miras

y te aprietas a mí y haces tu llanto

sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.

Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas

se ponen a escuchar lo que no hablamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.- No es que muera de amor, muero de ti

 

No es que muera de amor, muero de ti

Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.- No es nada de tu cuerpo

No es nada de tu cuerpo,

ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,

ni ese lugar secreto que los dos conocemos,

fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca

que es igual que tu sexo-,

ni la reunión exacta de tus pechos,

ni tu espalda dulcísima y suave,

ni tu ombligo, en que bebo.

No son tus muslos duros como el día,

ni tus rodillas de marfil al fuego,

ni tus pies diminutos y sangrantes,

ni tu olor, ni tu pelo.

No es tu mirada -¿qué es una mirada?-

triste luz descarriada, paz sin dueño,

ni el álbum de tu oído, ni tus voces,

ni las ojeras que te deja el sueño.

Ni es tu lengua de víbora tampoco,

flecha de avispas en el aire ciego,

ni la humedad caliente de tu asfixia

que sostiene tu beso.

No es nada de tu cuerpo,

ni una brizna, ni un pétalo,

ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

 

Es sólo este lugar donde estuviste,

estos mis brazos tercos.

 

4.- Me doy cuenta de que me faltas

 

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo mas solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
corno un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas. cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

5.- He aquí que tu estás sola

 

 

He aquí que tu estás sola y que yo estoy solo.

Haces cosas diariamente y piensas

y yo pienso y recuerdo y estoy solo.

A la misma hora nos recordamos algo

y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya

somos, y una locura celular nos recorre

y una sangre rebelde y sin cansancio.

Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,

se me caerá la carne trozo a trozo.

Esto es lejía y muerte.

El corrosivo estar, el malestar

muriendo es nuestra muerte.

.

Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado

quién eres, dónde estás, cómo te llamas.

Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,

una mitad apenas, sólo un brazo.

Te recuerdo en mi boca y en mis manos.

Con mi lengua y mis ojos y mis manos

te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,

a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.

En mis labios te sé, te reconozco,

y giras y eres y miras incansable

y toda tu me suenas

dentro del corazón como mi sangre.

Te digo que estoy solo y que me faltas

Nos faltamos, amor, y nos morimos

y nada haremos ya sino morirnos.

Esto lo sé, amor, esto sabemos.

Hoy y mañana, así, y cuando estemos

en estos brazos simples y cansados,

me faltarás, amor, nos faltaremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.- He aquí que estamos reunidos

 

He aquí que estamos reunidos

en esta casa como en el Arca de Noé:

Blanca, Irene, María y otras muchachas,

Jorge, Eliseo, Oscar, Rafael…

Vamos a conocernos rápidamente

y a fornicar y a olvidarnos.

El buey, el tigre, la paloma, el lagarto y el asno, todos

justos bebemos, y nos pisamos y nos atropellamos

en esta hora que va a hundirse en el diluvio nocturno.

Relámpagos de alcohol cortan la obscuridad de las pupilas

y los truenos y la música se golpean entre las voces desnudas.

Gira la casa y navega hacia las horas altas.

¿Quién te tiene la mano, Magdalena, hundida en las almohadas?

¡Qué bello oficio el tuyo de desvestirte

y alumbrar la sala!

¡Haz el amor, paloma, con todo lo que sabes:

tus entrenadas manos, tu boca, tus ojos,

tu corazón experto!

He aquí la cabeza del día, Salomé,

para que bailes delante de todos los ojos en llamas.

¡Cuidado, Lesbia, no nos quites ni un pétalo de las manos!

Sube en el remolino la casa y el tiempo sube

como la harina agria. ¡Henos aquí a todos, fermentados

brotándonos por todo el cuerpo el alma!

 

 

 

7.- Igual que la noche

 

Igual que la noche de la embriaguez,

igual fue la vida.

¿Qué hice?, ¿que tengo entre las manos?

Sólo desear, desear, desear,

ir detrás de los sueños

igual que un perro ciego ladrándole a los ruidos.

 

 

 

8.- Ahora puedo hacer llover

 

Ahora puedo hacer llover,

enderezar las ramas torcidas,

levantar a los muertos.

Hágase la luz, digo,

y toda la ciudad se ilumina.

¡Qué fácil es ser Dios!

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