OTROS POEMAS SUELTOS 1973-1994

1.- El peatón

 

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.

 

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

 

Covencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

 

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.

 

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.

 

 

 

 

2.- La luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas. 
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo: 
sirve para encontrar a quien se ama, 
y para alejar a los médicos y las clínicas. 
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido, 
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver. 
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 
para cuando te ahogues, 
y dale la llave de la luna 
a los presos y a los desencantados. 
Para los condenados a muerte 
y para los condenados a vida 
no hay mejor estimulante que la luna 
en dosis precisas y controladas

 

 

 

 

3.- Tu Nombre

 

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te

amo. Trato de decir a oscuras esto. No quiero que nadie se entere, que

nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la

estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti,

derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita

mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo

incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.

 

 

 

 

4.- Sísifo

 

 

Voló desde su vida apacible hacia la luz recién encendida y su cadáver minúsculo cayó sobre esta hoja de papel en que escribo.

 

Retiré la taza de café pensando que su contacto en mis labios sería molesto, y que una lluvia de meteoritos invisibles podría empezar a descender desde el foco, por los espacios siderales, hasta la mesa.

 

De pronto el cadáver se agitó, dio vueltas torpemente, movió las alas cada vez más ligeras, y emprendió el vuelo de retorno. ¡Qué alivio y qué alegría! Sísifo de la luz, lo vi ascender en giros concentrados, veloz y decidido, hacia la gloria abundante de un nuevo encuentro con la muerte.

 

 

 

 

 

5.- ¿Nocturno?

 

 

Si te despiertas a las dos, ahogándote con tu propia saliva, y das un brinco en la angustia y jalas aire desesperadamente, mortalmente, y vuelves a la vida, no al sueño, porque ya no puedes dormir, y te quedas pensando como una hoja que piensa en el viento, y te acuerdas de Poe, que dicen que murió de su propio vómito en una borrachera, en una madrugada, en una calle, solo, ahogándose, el pobre de Edgar Alían Tremens, agarrándose el cuello, crispándose todito, dando el zapotazo con la cabeza sobre el pavimento; te levantas, te sientas a la orilla de la cama, sientes frío, te cierras bien el suéter, te vas a la cocina, haces café, estás agradecido.

 

Sobre el refrigerador la pecera vacía ya no tiene al príncipe encantado, o la princesa, que dormía con los ojos abiertos en el agua. Recuerdas cómo abría su boca para pedirte alimento o para contarte su silenciosa historia. Amaneció flotando un día, como un pez de colores, y fue depositado bajo las yerbas del jardín para que lenta, verde agua, se evaporara.

Sólo «Pujitos» y las moscas, el perrito lanudo mueve la cola, se despereza, se aproxima, te pide su salida a la calle, pero comprende que es de noche y vuelve a echarse. El gato no molesta y sigue durmiendo con sus tres niños de pecho que la semana pasada, de pronto lo hicieron gata.

 

Se asoman las mujeres que perdiste, las que te engañaron, aquella que te dijo «yo soy tu harén».

Habías visto en la oscuridad los dos féretros en la misma tumba, el rostro quebrado de tu hijo, y ahora, la reciente, ¿cómo se estará cocinando en su cajón la dulce, la pensativa Rosario?

Las elecciones, la televisión, los poetas, los macheteros de la fábrica, la operación de Julio, habrá tiempo para dormir, las palabras, las imágenes.

Un coche escandaliza, pasa, ladran, dejan limpio el silencio. ¡Al abordaje, pues: las sábanas!

  

 

6.- Todo me lo has dado, Señor

 

TODO ME LO HAS DADO, SEÑOR.

Me diste a mi padre y a la muerte de mi padre,
a mi madre y su muerte,
a mi hermano Juan y su destino,
a Jorge, el verdadero y el fantasma,
a mi mujer; Chepita, y a mis hijos,
a mi cama me diste y a mis huesos
que reclaman más tiempo.
me diste todo, sí,
y me he entregado
a vivir y a morir con calendario.
sólo te pido que me dejes solo
a punto de las ocho porque es hora
de dormir.

 

 

 

7.- Estoy metido en política

 

ESTOY METIDO EN LA POLITICA otra vez.

Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
Y me exhiben

Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5
.

(Voy, con ustedes, a verme)

  

8.- Me Encanta Dios

 

Me encanta Dios. es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y

a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto

sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. 

 

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi,

para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce.

Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el

hombre de traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida – no tú ni yo – la

vida, sea para siempre. 

 

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang… Pero ¿que importa si el universo se

expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. 

 

A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el

camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho

-frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes! 

 

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y

hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. 

 

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de

nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. 

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego,

vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que

cambia- y se agita y crece- cuando Dios se aleja. 

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis

hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer mas amada, el perrito y la pulga, la piedra mas

antigua, el pétalo mas tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el

manantial que soy. 

 

A mi me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

 

9.- A estas horas, aquí

 

Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante!

¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¡Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquier, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.
Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.

 

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