HOY NO LUCIÓ LA ESTRELLA DE TUS OJOS

Hoy no lució la estrella de tus ojos. 
Náufrago de mí mismo, 
húmedo del brazo de las ondas, 
llego a la arena de tu cuerpo 
en que mi propia voz nombra mi nombre, 
en que todo es dorado y azul como un día nuevo 
y como las espigas herméticas, perfectas y calladas. 
En ti mi soledad se reconcilia para pensar en ti. 

Toda ha mudado 
el sereno calor de tus miradas 
en fervorosa madurez mi vida. 
Alga y espumas frágiles, mis besos 
cifran el universo en tus pestañas, 
-playa de desnudez, tierra alcanzada 
que devuelve en miradas tus estrellas. 

¿A qué la flor perdida 
que marchitó tu espera, 
que dispersó el Destino? 
Mi ofrenda es toda tuya en la simiente 
que secaron los rayos de tus soles.
Al poema confío la pena de perderte. 
He de lavar mis ojos de los azules tuyos, 
faros que prolongaron mi naufragio.

He de coger mi vida deshecha entre tus manos, 
leve jirón de niebla 
que el viento entre sus alas efímeras dispersa. 
Vuelva la noche a mí, muda y eterna, 
del diálogo privada de soñarte, 
indiferente a un día 
que ha de hallarnos ajenos y distantes. 

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